Así se practica el Bondage, erotismo con sadismo y masoquismo - Amor
Pareja

Así se practica el Bondage, erotismo con sadismo y masoquismo

Foto: Inaldo Pérez
El bondage no solo es amarrar y azotar, también es seguridad y bienestar. Un amo y una sumisa cuentan su experiencia.

El referente más universal y ‘cliché’ del mundo del BDSM (Bondage y Disciplina; Dominación y Sumisión; Sadismo y Masoquismo) es quizás ’50 sombras de Grey’, para bien o para mal, todos han oído hablar de esta película. Sin embargo, lejos de su narrativa superficial, el BDSM está lleno de una placentera, para algunos, complejidad. Para entenderlo se necesita una mente libre de prejuicios, dispuesta a comprender lo que cada una de esas letras significa y para ello, es necesario quitarse la ropa de la moral religiosa y la ‘mojigatería’ ¿están dispuestos?

Como dicen por ahí “tocar la puerta no es entrar”, y no hay nada de malo en conocer o saber un poco más de uno de los lados menos explorados del sexo, por eso el término protagonista de este #MartesDeSexo es el Bondage, esta práctica erótica de origen oriental que no necesariamente termina en sexo, se traduce en el universo del BDSM como “la inmovilización del cuerpo”, la cual se puede llevar a cabo mediante cuerdas, telas, esposas, cables, luces de navidad, cintas y hasta con vinipel. Algunos también la consideran una práctica además de erótica, estética, pero siempre con fines placenteros.

El amo: el poder es para disfrutarlo 

“Todo el mundo practica Bondage (…) hasta el Papa lo hace porque se amarra, es decir, ¿con qué se supone que ata el Papa su toga? Pues con una cuerda. Todos las tenemos, es un factor de dominio, es nuestra representación natural de dominio”, expresa en diálogo con RCN Radio El ‘Señor Maury’, y agrega que en este mundo todos tienen ‘nombres artísticos’ por así decirlo, son sus “álter ego” y este el suyo.

La habitación en la que estamos es completamente normal, hay un sofá, una cama y algunas repisas. Lo único que se sale de ese ambiente ‘común y corriente’ es una especie de marco de madera en el cual el ‘Señor Maury’ suspende con cuerdas a sus sumisas. En la pared, también cuelgan algunas máscaras, látigos y fustas.

Mientras prepara sus cuerdas para suspender a ‘Amonet’, cuenta que es fotógrafo profesional, ha hecho ya seis exposiciones fotográficas y está reuniendo a casi todos las personas que como él, hacen este tipo de amarres, para hacer un libro sobre el bondage colombiano.

Es graduado en comunicación social y trabajó en el periodismo por casi 20 años hasta que por circunstancias de la vida llegó a ese punto de incertidumbre en el que todos nos encontramos alguna vez: -¿y ahora qué sigue?- Decidido a buscar nuevas cosas en su vida abrió una escuela de fotografía, esto lo llevó a conocer muchos colegas y también, a diferentes colectivos artísticos, entre ellos uno de arte erótico. Fue así como estando en Medellín, vio hacer una suspensión con cuerdas y fue amor a primera vista, “Me dije -yo tengo que hacer esto- y lo hice”.

Bondage
Foto: Inaldo Pérez

Ha pasado un año desde aquel día y el ‘Señor Maury’ se ha ido perfeccionando en el Bondage cada vez más como un ‘rigger’, nombre que reciben las personas que suspenden. Ha recibido clases de varios expertos en esta práctica, así como también se ha instruido con tutoriales de YouTube. “Hago un Bondage muy jazz, lo llamo así porque es muy libre, no me ato a ninguna escuela japonesa, ni oriental. Lo hago muy desde el instinto. Voy fluyendo conforme la cuerda me va dando”.

Dice que existen sogas de tamaños determinados, generalmente miden unos ocho metros. Sin embargo, las de él son un poco más largas, de 15 para ser exactos, esto con el fin de atar a su sumisa usando únicamente una sola cuerda. De igual modo, también hay diversidad en el tipo de éstas, Maury se especializa por ejemplo, en el estilo ‘Shibari’, lo que exige usar cuerdas orgánicas, es decir, cuyas fibras sean naturales. Sin embargo, las que usan en Japón son muy caras, una soga de ocho metros podría costar entre 200 y 350 mil pesos.

“Una suspensión puede llevar cinco o seis cuerdas de esas, entonces necesitarías como un millón de pesos para suspender a alguien. Nuestra solución entonces es usar el cáñamo o el fique que es autóctono nuestro y más barato. La compramos y nosotros mismos la tratamos, la cocinamos, quemamos, enceramos y ‘destorqueamos”. Ah, y es importante resaltar que en esto se trata de hacer nudo, tras nudo, no.

“Tenemos cuerdas que se sujetan con las mismas cuerdas. Cuando tú como rigger ya sabes manejar pesos muertos, centros de gravedad, volúmenes… Ya sabes que no tienes que hacer 50 nudos para amarrar. Además tienes que dejar la cuerda lista para que en una sola soltada todo quede libre”.

 

Bondage
Foto: Inaldo Pérez

Contrario al imaginario popular, en el Bondage no se trata de ‘amarrar a la maldita sea’, ‘golpear’ y someter a la persona sin pensar en su bienestar. Nada de eso. “Tres pilares claves en los cuales baso mi técnica son: seguridad, la responsabilidad y la sociedad… Tomé un curso con un entrenador personal sobre el cuerpo humano para conocer bien todo sobre los tendones, los músculos, etc. Por ejemplo, me di cuenta que el Shibari presiona en zonas muy sensibles donde nunca he tocado, ni voy a tocar… Se trata de ser consciente que si ato a alguien y ella no quiere que se le noten los nawa atos (marcas en la piel) entonces tengo que saber dónde debo presionar para no dejarle marcas a la vista”, asegura el ‘Señor Maury’.

Entre más brusco sea el material de la cuerda el ‘nawa ato’ es según ellos, “más bonito y artístico”, que el de una soga más suave. Por otro lado, los trazos que se generan en la piel se determinan por el tipo de atadura, es decir, si éstas son horizontales, verticales o si se hacen con la cuerda rombos o cuadrados, así serán las marcas que quedarán en la piel. Es importante aclarar que no solo se ata para suspensión, también se puede hacer en piso y siempre se debe atar por encima o debajo de las articulaciones, nunca sobre ellas. 

Con todo esto, ¿cuál es el placer que encuentra un rigger al hacer esto? Maury responde desde su perspectiva siempre con su tono de hablar suave y pausado. “Esto es sensorial y emocional. Primero ser consciente de que alguien en su libre albedrío te entrega su sumisión, no de una manera convencional, ni en un sentido de esclavitud o de maltrato, sino desde el punto de vista desde la legitimidad de tu derecho a decidir -yo quiero que tú me ates-, esa entrega y saber que tienes el poder y el conocimiento de que una persona te entrega hasta su seguridad y la ponga en tus manos es algo gigantesco, es como ser un pequeño tirano. El poder es para disfrutarlo”.

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