¿La genética influye en las preferencias alimenticias? - Amor
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¿La genética influye en las preferencias alimenticias?

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Estudios han probado que factores genéticos pueden predisponer a alguien a desear azúcar o sal.

Qué prefiere, sal o dulce? Lo que usted decida no estaría solamente relacionado con sus gustos, sino también con factores genéticos que podrían determinar lo que más le antoja.  

Estudios han evidenciado que hay una relación entre la genética y las preferencias de sabor, y que en esa relación entran en juego receptores y marcadores genéticos.  

Según una investigación realizada por Nanette Steinle, profesora asociada de medicina y endocrinología de la Escuela de Medicina de la Universidad de Maryland, hay algunos genes que pueden influir en la predilección de dulce y umami (sabroso) y otros relacionados con los receptores de sabor amargo, así como proteínas que están conectadas al favoritismo por la sal, cita el Huffington Post.

A esto se suma el hecho de que hay otros factores genéticos que también podrían indicar una preferencia por alimentos dulces o salados, como el centro de recompensa del cerebro y el gen FTO, que desempeña un papel clave, ya que afecta los niveles de la hormona ghrelina (hace que las personas sientan hambre) y la leptina (hace que las personas se sientan satisfechas).

23andMe, compañía de pruebas genéticas directas al consumidor, identificó que, por ejemplo, la preferencia por lo dulce sobre lo salado está vinculada con los genes asociados al metabolismo y el índice de masa corporal y que el gusto por ciertos sabores de helados está vinculado a los genes en la vía olfativa.

Entre otros factores que tienen que ver a la hora de preferir un sabor u otro, está el trabajo de los riñones para procesar la sal y cómo se metabolizan diferentes productos minerales en el cuerpo.

Si bien la genética puede influir en buena medida en las preferencias de sabores y alimentos, no es un determinante a la hora de llevar una rutina de alimentación saludable, pues, de acuerdo con expertos, las preferencias podrían tratarse también de un hábito y es allí donde las personas tienen el poder de elección.

“Anhelar ciertos sabores, como dulce o salado, en ciertos momentos puede ser un hábito. Al igual que después de la cena quiero algo dulce o quiero mi taza de café y luego la gente asume que es una necesidad psicológica, pero en realidad no lo es”, dijo una experta al medio citado.

Llevar una alimentación consciente es un reto que va más allá de la genética. Es cierto que esta puede predisponer a alguien a desear azúcar o sal, pero los cambios en el estilo de vida ayudan a controlar los antojos y a llevar una vida más saludable que ayudará a reducir diferentes afecciones.

Bajar el consumo de sal, por ejemplo, puede ayudar a reducir la tensión arterial y el riesgo de enfermedades cardiovasculares, accidentes cerebrovasculares y cardiopatía coronaria. La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda consumir menos de 5 gramos (un poco menos que una cuchara de té) de sal por día en adultos.

Fuente
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